Entusiasmo hecho carne

Hace nueve días nos despedimos de Tara.

Todavía lo estoy procesando.

Apenas fueron tres años para mi, de los once que duro su vida, pero esos tres años fueron muy significativos.

Cuando me mude a Monteverde fue difícil, apenas conocía a nadie y pasaba mucho tiempo solo.

Tara fue la compañía más incondicional, siempre lista para salir a correr o bajar al centro del pueblo, con el tiempo se convirtió en mi compañía para fotografiar las estrellas, me acompaño a dar clases y hasta una reunión de profesores.

La muerte no me ha sido ajena, pero nunca tuve antes tuve que participar de la decisión de dar descanso a un ser querido antes de verlo sufrir sin motivo.

Tara fue entusiasmo hecho carne, energía pura, compañía y aventura.

Abrazarla en el momento de dejarla ir, debe ser uno de los momentos más duros de mi vida.

Tara es el nombre que reciben una serie de entidades espirituales del Budismo, una en particular es una Buda femenina reconocida por su compasión. Ella decide permanecer cerca de la humanidad cuando encuentra la iluminación, su objetivo ayudar a sanar las almas de los seres humanos.

Tara fue mi perra loba, un bálsamo para mi alma cuando me sentía solo, una lección de compasión cuando tuvimos que dejarla partir.

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